Lo que aprendimos de la adecuación salarial docente

Esta semana, con la firma del acuerdo que ha ratificado por unanimidad al menos la asamblea del STEC, se pondrá el broche a la lucha del profesorado cántabro por recuperar el poder adquisitivo perdido tras 18 años sin adecuación, desde lo autonómico, de nuestro salario. Muchas cosas han pasado en el último año y medio (desde que el encierro en Peñaherbosa fuera chispa del levantamiento docente), de las que debemos tomar nota y aprender para el futuro. Este es solo mi punto de vista sobre ellas ahora: personal y transferible. Hasta donde se puede contar y en el orden en que me van viniendo a la cabeza, que no de importancia:

1. Facta non verba.

Está bien que l@s delegad@s sindicales visitemos los centros y hagamos vídeos para redes sociales proclamando que “hay que…” y “hay que…” porque algo es muy injusto, pero predicar con el ejemplo es otro nivel. Que nos encerráramos 10 días sin ver la luz del sol en la mismísima sede del Gobierno, resistiendo pese a todo lo que intentaron para echarnos, activó a much@s compañer@s desde un malestar previamente existente, como hacía una década que no se hacía.

 

2. Somos clase trabajadora.

Cuando comenzó el conflicto, algunos compañeros me transmitían que bueno, que hay otras cuestiones más importantes… Somos tan vocacionales que a menudo olvidamos que trabajamos por un salario para vivir. En sus movilizaciones yo veo al colectivo médico más centrado en sus condiciones que en la defensa de la Sanidad Pública contra la privatización. Nuestro caso es al revés, pero no hay que olvidar nunca lo que somos. Y en algún momento hay que poner pie en pared, también con el poder adquisitivo arrebatado.

 

3. Nuestro patrón es una Administración pública y nuestra lucha, sociopolítica.

Las luchas en las fábricas son también cada vez más políticas (véase la lucha en Amazon o el “boicot a Coca-Cola” durante aquel ERE) pero, sobre todo, combaten contra propietarios que viven de facturar; nosotr@s, contra una clase política que vive de los votos y factura en base a ello. Nuestro frente de la lucha de clases es la opinión pública.

Una huelga en una fábrica paraliza la producción y los beneficios; una huelga en una escuela (considerada servicio público esencial, con servicios mínimos que albergan al alumnado) paraliza la docencia, pero genera ahorro a la Administración pública. En los siete días de huelga que hemos convocado en este año y medio, calculo por encima de los tres millones de euros ahorrados en salarios, que habrá que exigir ahora que vayan a bajar las ratios.

Por eso, más aún cuando el Gobierno no está especialmente preocupado de que tú des o no clase de Historia o Filosofía mientras la Privada siga funcionando, nuestras huelgas tienen una identidad distinta: no son un pulso económico-material, sino político-ideológico. Nuestras huelgas son útiles porque transmiten hartazgo docente, se trasladan a toda la población, acaparan portadas y propician grandes movilizaciones. Todo eso sirve para generar gran tensión contra quienes nos gobiernan.

Somos cada vez una sociedad más cortoplacista y ansiosa, menos paciente y perseverante. El acuerdo para mayores de 55 años fue precipitado y se ha demostrado terriblemente erróneo. Como la lucha por la adecuación no llegaba rápido a buen puerto, había análisis de que se debía a haber espaciado las huelgas en lugar de hacer toda la fuerza de golpe. Seré claro: si hubiéramos acudido a una huelga indefinida el pasado mes de mayo, como otra organización sindical promovió, hubiéramos cosechado una dura derrota (y un ridículo en junio) contra un Gobierno intransigente que nos aguantó diez días en su sede sin decir ni “buenos días”. Si hubiéramos actuado sin inteligencia y sin paciencia, no hubiéramos llegado hasta aquí.

El que las movilizaciones hayan sido progresivas, innovadoras y sostenidas nos ha agotado mentalmente, pero también nos ha convertido en el mayor motivo de desgaste que ha tenido el Gobierno durante el segundo tercio de su legislatura. Cada una era una portada y una semana hablando del tema. Luchando a campo abierto, el Ejecutivo es más poderoso que nosotr@s y tiene todas las herramientas para imponerse, pero le hemos vencido mediante un conflicto irregular. Tratando de aprovechar nuestras fortalezas y cubrir nuestras debilidades, hemos tomado Saigón, ahora Ciudad Ho Chi Minh.

 

4. Nos identificamos con nuestra “empresa”, precisamente porque no lo es.

Si yo trabajo en un Mercadona o para el CC de los Agustinos y la empresa me maltrata, no tengo ningún inconveniente en dañar su funcionamiento y su imagen pública. No es nuestro caso. La Educación Pública es una conquista histórica de las clases populares y queremos cuidarla.

Cuando planteamos huelgas a los claustros, la maestra te indica que le cuesta dejar ese día a “sus niños”. Cuando planteamos una huelga de extraescolares, el maestro te habla de esa salida tan enriquecedora que hacen todos los años al bosque cercano. Cuando la Educación Pública transmite una imagen conflictiva y de “clases paradas”, determinados entes empresariales y políticos que poseen y promueven negocios educativos se frotan las manos. Tenemos que tener siempre esto en cuenta a la hora de escoger nuestros métodos de lucha.

 

5. Habitamos una realidad específica: Cantabria.

Se han hecho comparaciones simplistas con los métodos de lucha llevados a cabo en otras comunidades, o mejor dicho, con lo que superficialmente se conoce de la lucha en otras comunidades. Como si, por ejemplo, nuestra realidad socioeconómica fuera como la vasca, o como si fuera lo mismo enfrentarse a un gobierno asturiano del PSOE en coalición con IU, que a uno del PP.

Ahora Cantabria, que no por casualidad tiene uno de los mejores sistemas educativos públicos del Estado, va a tener al personal docente mejor remunerado de toda la Península Ibérica. El titular desinformador lo hemos convertido en realidad [emoji sonriente con gafas de sol].

 

6. Las movilizaciones son un medio, no un fin en sí mismo.

Las medidas de protesta son eso: herramientas pensadas para avanzar hasta vencer. Un escrache entre cuatro compañeros y una pancarta, en un acto inaugural importante para la Presidenta y con presencia de los medios, puede molestar más que una concentración ante un edificio vacío en una mañana fría.

Recuerdo la primera mesa sobre oposiciones, donde presentamos cientos de firmas y avanzamos bastante. Ansiosamente, frente a lo que habíamos consensuado en la Junta, decidieron convocar una concentración al día siguiente frente a la Consejería, desuniendo al movimiento. Acudieron los liberados de cierto sindicato y una veintena de personas. A la siguiente mesa de negociación nosotros acudimos más débiles y la Consejería más inflexible. En lugar de sumar, esa movilización nos debilitó y dio sensación de impunidad al Ejecutivo. El mismo efecto con la adecuación tuvo aquella huelga de 5 días seguidos con un seguimiento del 3%. Hay que saber discernir si cada acción suma o resta, medir las fuerzas y las energías: valen más pocas cosas bien hechas, que muchas de forma caótica.

 

7. A la contra se pelea mejor. Y hay que hacerlo.

Esto es de primero de movimiento social. Lo que no queremos nos mantiene unid@s. Además de un avance importante en las cantidades, hemos destruido cada intento de hacernos retroceder en derechos a cambio de unos euros: ni la insólita e inaceptable Cláusula Silva, ni dividirnos con complementos, ni dictarnos la formación, ni penalizarnos salarialmente por baja médica.

Alguno dirá que “estaría bueno” que algo así se hubiera aceptado. Pero es que, mientras los docentes nos levantábamos contra la penalización del “absentismo”, a nuestras compañeras Técnicos Superiores de Educación Infantil (TSEIs) les han impuesto, con el apoyo de algunos sindicatos (no del STEC), exactamente eso: un complemento salarial por asistencia que penaliza las bajas médicas o los permisos de maternidad, como si estuviéramos en otro siglo.

 

8. Elige el campo de batalla (si puedes).

Se dio así porque la cuestión se enquistó de golpe y por sorpresa con el encierro, pero la sensación de que esto era “por el vil metal” no ha ayudado en nada. Hubiera sido preferible una campaña que incorporara la adecuación dentro de un marco amplio de demandas para la mejora de las condiciones laborales y del servicio educativo público.

En el STEC lo detectamos pronto y tratamos de incorporar reivindicaciones ya el verano pasado, pero el resto de sindicatos tardaron en aceptarlo y priorizamos mantener la unidad de la campaña, que otros dinamitaron poco después… enarbolando de repente las reivindicaciones que llevaban tiempo bloqueando.

 

9. La unidad es importante. También la material.

Durante los primeros meses del conflicto, el profesorado ha valorado y reconocido mucho que fuéramos tod@s a una, por encima de siglas. Ha merecido la pena todo el esfuerzo hecho al respecto por compañeros y compañeras de distintos sindicatos, porque ha propiciado que, en los centros, gente diversa arrimara el hombro por encima de la adscripción de cada cual. Dinamitar eso ha sido el mayor error cometido del lado docente en este tiempo.

La unidad de la Junta durante la negociación también ha sido fundamental. En las mesas, cuando lo veía mal, Sergio Silva solía pedir opinión “a las diferentes organizaciones”, a las que nunca más quiere escuchar. Haber contestado que negociábamos con una sola voz y posición de Junta nos ha dado fuerza.

También es que partíamos de unas condiciones materiales que favorecen la unidad entre el propio colectivo docente. En Madrid, con casi 140 complementos, casi no hay dos docentes que cobren igual. El sistema retributivo cántabro, en el que tanta responsabilidad viene teniendo históricamente el STEC, se ha construido repartiendo equitativamente todas las adecuaciones: es el más igualitario. Eso, además de reflejar una forma de ver la vida y el trabajo, proyecta una lucha en la que vamos (o debiéramos ir) tod@s a una.

 

10. Que se perciba como justo.

“Primero gana la batalla y luego combate”, decía Sun Tzu. Haber construido un marco de que perseguíamos recuperar “el poder adquisitivo perdido”, y no una subida salarial (que hubiera sido también legítima, pero más impopular), nos ha permitido cierta empatía y apoyo del sentido común con nuestra lucha, pese a alcanzar cifras más altas que las de otras CCAA.

Cuando comenzamos esto insistía mucho en la importancia del relato y la opinión pública. “Nos tiene que dar igual la simpatía o antipatía que generemos, esto se trata de pelear y vencer”, nos contestaban desde otros sindicatos. Creo que el tiempo ha dictado sentencia a este respecto.

 

11. La pedagogía tiene que ser nuestro fuerte.

Nos dedicamos a explicar, a hacer entender, a transmitir de la manera más adecuada para cada oído. Tenemos que dar la batalla del relato y de la opinión pública con toda nuestra capacidad pedagógica. Pese a que se nos decía que dejáramos de publicar en El Diario Montañés, seguíamos enviando tribunas a la vez que criticábamos sus titulares, porque no podemos permitirnos renunciar a convencer.

La actitud prepotente y liberticida del consejero Silva, que también ha contribuido al éxito de las movilizaciones, evidencia que hace tiempo ya que dejó de pensar como un docente.

 

12. El contexto social importa.

Hemos luchado en un contexto de malestar docente no ya en Cantabria, sino en buena parte de Europa. En una época de auge ultraderechista y de crisis periodística. Con las familias teniendo que apoyarnos al margen de una FAMPA que ha ido agarrada del brazo de esta Consejería… y hasta de la Educación Privada Católica en lo que se refiere al calendario. El diario más vendido nos ha puesto como los absentistas mejor pagados; la radio más escuchada defendía las tesis del Gobierno, y la dirección de la FAMPA nos ponía de peseteros. Hemos ganado la batalla muy solos, con menor participación del resto de la comunidad educativa respecto a otras pasadas, en una época mala para darla. Todo eso lo ha hecho más costoso y doloroso, pero también más meritorio.

En adelante, tenemos el reto de reconstruir el apoyo mutuo de la comunidad educativa en defensa de la Educación Pública de Cantabria.

 

13. Al saber le llaman suerte.

Lo dicen los pescadores de mi pueblo cuando pica algo bueno, pero vale para lo nuestro. Hay quien ahora da todo el mérito al Partido Regionalista de Cantabria por el acuerdo presupuestario. Su mérito, que no es poco en política, consiste en haber cumplido la palabra que nos dieron. Pero, para que Revilla decidiera enarbolar nuestra bandera, primero tuvimos que hacerla popular, y eso es mérito cien por cien docente.

Luego tuvimos la mala suerte de que el Gobierno eligió tomarnos como rehenes para sus presupuestos, con la llamada “Cláusula Silva”: “yo quiero hacerles la adecuación, pero la oposición no me aprueba los presupuestos y por eso no puedo pagarlos”. Y, sobre eso, la pésima suerte de que el PP decidiera, en el ecuador de la legislatura, sacrificar los presupuestos para intentar destruir a Paula Fernández (PRC) con la presión de sus alcaldes, retrasando medio año su acuerdo.

Pero en ese tiempo no nos quedamos quietos, sino que movimos posiciones en términos comprensibles, que nos permitieron negociar después mejor las horas de formación.

Todo esto desde la absoluta independencia de los intereses partidistas, mirando en todo momento por lo mejor para el colectivo docente, pero sabiendo navegar en esa tormenta de intereses que muchas veces no puedes controlar y en la que supimos mantenernos a flote hasta llegar a buen puerto.

 

14. Aprendamos también a celebrar las victorias y cargarnos de moral.

Noté a algún compañero (no del STEC) casi tan acolechado como a l@s representantes de la Consejería que teníamos enfrente, conforme se acercaban hacia el acuerdo. Como si «cuanto peor, mejor»; como si preocupara más poder mantenerse en su posición que lograr avances innegables para el colectivo.

Tenemos que aprender a cosechar, valorar y celebrar las victorias, para cargarnos de moral. No son tantas ni tan frecuentes. 

 

15. La inteligencia colectiva funciona.

Cada paso importante que teníamos que dar lo decidíamos desde los órganos asamblearios del STEC antes de tratarlo en Junta. Cada decisión se tomaba con los compañeros a pie de centro, colectivamente. Cuando nos hemos equivocado también lo hemos hecho entre tod@s, y nos ha servido para asumirlo sin recelo. Muchas cabezas piensan más y mejor: salimos de esta experiencia orgullos@s de nuestra forma de organizarnos, pues además de más estética es más práctica.

 

16. Nada como la red del STEC para sostener estas luchas.

Desde que estábamos encerrados y recibíamos apoyo, hasta la extensión de los encierros a una treintena de centros, pasando por la difusión de todas las campañas por las salas de profesores. Nada de esto hubiera sido posible sin la afiliación y la red de delegad@s de nuestro sindicato.

Cuando nos censuraron el envío masivo de mensajería fue un golpe duro para nuestra capacidad de organizar y movilizar, pero teníamos una red propia en los centros que permitió sostenerlo.

La organización nos ha permitido la movilización y sostenerla incansablemente nos ha servido para vencer. Hemos demostrado que la lucha sirve y sigue ahora, con muchos aprendizajes consolidados.

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Diegu San Gabriel, delegado del STEC en la Junta de Personal Docente de Cantabria

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